A día de hoy nos encontramos con una crisis  a nivel político, económico y social. Las tres tipologías de crisis, afectan a la familia y a sus formas de establecer los cuidados  en el entorno familiar.

Este cambio, que parece asumido a priori por la comunidad, produce a nivel individual  conflictos emocionales que a su vez, en la relación con el entorno se convierten en conflictos a nivel familiar, laboral, institucional… etc. Lo que  denominamos como conflictos sociales.

Nuestro trabajo es tanto la prevención de estos conflictos como la resolución de los mismos una vez se han producido.

Aportamos los conocimientos necesarios primero a nivel individual, para que después, cada individuo se establezca  como grupo  y puedan dar solución a las necesidades que tienen en común.

Nosotros creemos que los conocimientos de cada uno de los individuos aportan un valor esencial, para que luego el equipo obtenga beneficios tanto a nivel económico, social y emocional.

Conciliate Cuidando, considera que para que una sociedad esté preparada para afrontar ciertos cambios, primero tenemos que fortalecer al  núcleo más fundamental que la sociedad tiene y ha tenido. Nos referimos al cuarto pilar del ESTADO DE BIENESTAR, que no es otro que LA FAMILIA.

El Estado de Bienestar históricamente se ha sustentado en tres pilares la educación, la sanidad y las pensiones.

Cuando se elaboró la ley de Dependencia, se habló del  famoso cuarto Pilar  del Estado de Bienestar, y del reconocimiento económico a la labor de la FAMILIA y dentro de la familia  hay que destacar la labor sin e qua non que tiene y ha tenido la MUJER.

Es curioso, que dentro de las sociedades capitalistas en las que nos movemos, y en las que todo tiene un precio, la labor de cuidados familiares ha carecido de prestigio y de valor durante años.

La crisis del Estado de Bienestar, no es otra cosa que un cambio en la realidad social, un cambio que se plasma en lo político y en lo económico. Y un cambio que como todos los cambios históricos se definen como crisis y como conflictos.

Aunque a mediados del siglo XIX la mujer comienza a incorporarse al mundo laboral, no es hasta el s XX, cuando con los movimientos feministas  se demanda la  equiparación de las mujeres frente a los hombres en los trabajos fuera de casa.

La Familia se enfrenta a una situación en la que tiene que delegar una serie de funciones que tenía adquiridas como propias a las manos de otros organismos y de otros entes sociales.

Lo que a priori, parece como algo sencillo, a largo plazo, repercute en las emociones humanas por la transformación social en la que se ha visto envuelta la sociedad.

Teniendo en cuenta este contexto social las familias  se enfrentan a dos tipos de conflictos:

Conflicto económico: Necesitan un nivel de ingresos para mantener todos los cuidados necesarios para el entorno familiar. Por un lado a sus hijos, si tienen que dejarlos en guarderías, matinal, ludoteca, etc… Por otro lado a sus padres, cuando comienzan a tener una dependencia y  necesitan  una serie de cuidados.

Conflicto Emocional. La imposibilidad de realización de esas tareas y el verse obligados a dejarlas en manos de otras personas, instituciones o centros, produce en los seres humanos  ciertos sentimientos de culpa. Así, como la falta de tiempo para poder compartir con los familiares,  momentos, y poder atender la totalidad de sus necesidades, puede desencadenar ciertos desajustes emocionales y problemas a la hora de afrontar distintas situaciones.

Actualmente es muy común  el estrés y la ansiedad en todos los individuos, y es que la realidad de las familias, es que llegan a casa tras sus largas jornadas laborales  y lo que debería ser un momento de tranquilidad y paz, se convierte en un cúmulo de tensiones, con dificultad para el diálogo entre los miembros y con poco tiempo de relación entre ellos.

Los cuidados y la atención personalizada que les gustaría dirigir a sus seres queridos, se convierte en una carga, tanto emocional cómo física,  produciendo insatisfacción e irascibilidad.

Las familias  se ven abocadas a tener que renunciar a sus vidas personales y al ocio para dar cobertura a la atención familiar.  La sensación de insatisfacción entre los miembros de la familia es perenne, ya que los individuos tienen un sentimiento común, el de PÉRDIDA, el sentimiento de DUELO, de que han perdido el TIEMPO.

Los valores son las pautas de actuación que nos marcan los motivos por los que luchar en la vida, nuestros principios a seguir, nuestras metas.

Los valores se aprenden,  se transmiten en la familia de generación en generación. Cada familia establece sus principios, en base a la tradición, religión, política, historia y experiencias. Pero  los valores son personales, cada individuo, seguirá los propios.

Al principio los valores los eligen nuestros padres, pero llega un momento, en el que el ser humano toma sus decisiones, orienta su comportamiento y da un sentido a su propia vida, la que él decide vivir y en base a su sentido común.

Cuando las familias se encuentran en conflicto, cuando los individuos como miembros de una comunidad sufren, debido al sentimiento de pérdida, de culpa y sienten una gran insatisfacción, hay que plantearse qué es lo que ha pasado con los valores en la Familia.

Si desde principios históricos, la Mujer como líder dentro de la Familia y la Familia como comunidad, han sido el eje básico para transmitir los valores, la sustitución de este Pilar del Estado no puede dejarse en manos de estructuras poco sólidas y que no den continuidad a la función básica que tiene la FAMILIA.

Las familias dentro del Estado deben tener reconocidas sus funciones y saber el valor que representan dentro del Estado de Bienestar y dentro de la sociedad.

 Y los recursos sociales, las instituciones, los organismos en los que se deleguen los cuidados y la educación que realiza la familia, tienen que estar preparados para afrontar esta función, tienen que saber cuál es el sentido real de su trabajo.

En definitiva, este giro social,  ha provocado que el Estado de Bienestar se quede cojo, y pierda  su cuarto Pilar. Hemos dejado un Estado de Bienestar con un hueco, vacio, sin sentido.

Debemos proveerle de una herramienta sólida, una ayuda técnica preparada, para que pueda continuar avanzando y creciendo dentro la globalidad.

Hasta ahora, hemos llenado el hueco con una pared sin cimientos, unos muros a medio terminar, y sufrimos diariamente la caída de esos muros, poniendo parches para sustentarlos.

Debemos llenar ese hueco, de cosas realmente importantes, debemos dar a los individuos un sentido en  sus vidas.  Construyamos muros consistentes, duros y rocosos, que puedan superar los golpes que la historia pueda darnos. Construyamos muros enraizados, unidos, construyamos con los VALORES.

Las instituciones, las comunidades, las Familias, los recursos sociales se han visto afectados por estas grietas que han surgido en sus muros débilmente afianzados. La repercusión a nivel global ha sido la caída de la economía, y a nivel individual en cada uno de los miembros de la comunidad ha sucedido de la misma manera.

Consideramos por tanto que la inexistencia de valores en una familia, en un centro, etc… repercute de manera negativa en su economía.

Concíliate Cuidando trabajará contigo, a tu lado en la recuperación de los valores, afianzando tus muros y dando solidez a tu ESTADO DE BIENESTAR.